¿Y qué hacemos con la basura?

Roger Urena Rojas August 25, 2026


¿Y qué hacemos con la basura?

Hay preguntas que tarde o temprano una sociedad tiene que responder.

Una de ellas, aparentemente sencilla, es cada día más complicada: ¿qué hacemos con la basura?

Costa Rica produce toneladas de residuos todos los días. Los recogemos, los montamos en camiones y los llevamos lejos de nuestras casas. Durante años hemos considerado que el problema termina cuando el camión desaparece de nuestra vista.

Pero no termina.

La basura simplemente cambia de lugar.

Singapur: una lección que debemos estudiar

Conviene mirar hacia países que han tenido que buscar soluciones diferentes.

Singapur es un ejemplo particularmente interesante. Es un país pequeño, densamente poblado y con muy poco territorio disponible. Por eso desarrolló un sistema de plantas de valorización energética de residuos.

Aquellos residuos que no pueden recuperarse mediante reciclaje son incinerados bajo condiciones estrictamente controladas. El proceso reduce aproximadamente en un 90 % su volumen y permite aprovechar el calor para producir electricidad.

Y no se trata de quemar basura sin control. Las plantas cuentan con sistemas para tratar los gases de combustión y reducir partículas y sustancias contaminantes antes de liberarlos a la atmósfera.

No es una solución mágica, pero sí demuestra que la tecnología puede transformar un problema en parte de una solución.

¿Y Costa Rica?

Aquí tenemos una situación que debería preocuparnos.

Una gran cantidad de nuestros residuos termina en rellenos sanitarios administrados por empresas privadas. Entre ellas está EBI de Costa Rica, que presta servicios a numerosas municipalidades.

Uno de los principales sitios es el Parque de Tecnología Ambiental Aczarri, conocido como El Huazo, en Aserrí.

Pero El Huazo está llegando a un punto crítico. En marzo de este año se informó que recibe aproximadamente 2.100 toneladas de residuos diariamente y que su vida útil podría agotarse en septiembre de 2026.

Entonces surge inevitablemente la pregunta:

¿Qué hacemos después?

Una alternativa es buscar otros lugares donde depositar los residuos. Y ahí aparece el proyecto de El Tomatal, en Limón.

Pero trasladar el problema no significa necesariamente resolverlo.

Si mañana llevamos la basura a Limón, dentro de algunos años tendremos que preguntarnos nuevamente:

¿Y ahora dónde la ponemos?

Después habrá que buscar otro lugar.

Y otro.

Y otro.

Un relleno sanitario, por grande que sea, algún día se llena.

¿Qué pueden hacer las municipalidades rurales?

El problema es todavía más complejo para los cantones pequeños.

La legislación costarricense asigna a las municipalidades responsabilidades importantes en la gestión integral de los residuos. Pero una cosa es establecer esa responsabilidad y otra muy distinta disponer de los recursos económicos y técnicos para cumplirla.

¿Puede una municipalidad pequeña, como la de Dota, construir y operar por sí sola un relleno sanitario moderno, cumpliendo todos los requisitos ambientales y sanitarios?

Difícilmente.

Y quizás tampoco sería la mejor solución.

Costa Rica ya cuenta con mecanismos para desarrollar una gestión regionalizada de residuos. Varias municipalidades podrían compartir infraestructura, costos y tecnología.

Pero debemos ir todavía más lejos.

No podemos seguir enterrando el futuro

Tenemos que dejar de pensar exclusivamente en dónde enterrar la basura y comenzar a pensar en cómo transformar nuestros residuos.

Primero, reduciendo la cantidad que producimos.

Segundo, separando correctamente los residuos valorizables: papel, cartón, vidrio, metales, plásticos y otros materiales que pueden regresar al ciclo productivo.

Y tercero, buscando tecnologías modernas para tratar aquello que no puede ser valorizado mediante reciclaje.

Aquí es donde deberíamos estudiar, sin prejuicios y con rigor científico, experiencias como la de Singapur y otros países que han desarrollado sistemas de valorización energética.

No se trata de copiar mecánicamente un modelo extranjero.

Se trata de aprender de quienes ya han enfrentado el problema.

Costa Rica necesita una política nacional de largo plazo que vaya mucho más allá de construir un relleno sanitario después de otro.

La basura no desaparece cuando sale de nuestra casa.

Tampoco desaparece cuando el camión se la lleva.

Y tampoco desaparece cuando la enterramos.

Simplemente dejamos de verla.

Por eso debemos reducir, separar, reciclar, reutilizar, valorizar y estudiar seriamente las tecnologías disponibles para aquella fracción que inevitablemente quede.

El futuro no puede consistir en buscar un nuevo terreno cada vez que se llena el anterior.

Necesitamos una solución permanente, segura, ambientalmente responsable y económicamente sostenible.

Singapur nos demuestra que es posible reducir considerablemente aquello que finalmente debe ir a un relleno sanitario y, al mismo tiempo, aprovechar parte de los residuos para producir energía.

Costa Rica también puede hacerlo, adaptándolo a nuestra propia realidad.

Lo que hace falta es tomar la decisión.

Porque la pregunta seguirá esperando una respuesta:

¿Qué vamos a hacer con la basura de Costa Rica cuando ya no tengamos dónde ponerla?

La respuesta no puede ser simplemente:

buscar otro lugar.

Tiene que ser:

buscar otra manera.

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