¿Y quién defiende a los que viajan en bus en la Zona de los Santos?
Un servicio indispensable para la población más humilde no puede convertirse en el último eslabón de las prioridades.
La Zona de los Santos se encuentra, en promedio, a unos 50 kilómetros de Cartago y a unos 68 de San José. Hoy esas distancias pueden parecernos relativamente cortas, pero durante muchos años llegar a nuestros pueblos era una verdadera aventura.
Los primeros servicios de transporte de personas hacia Cartago y San José fueron brindados por empresarios y trabajadores nativos de nuestra propia Zona. Eran tiempos difíciles, con carreteras sin asfaltar y vehículos que tenían que enfrentarse a condiciones que hoy nos parecerían inimaginables.
Sin embargo, aquellos transportistas conocían a su gente. El servicio era bueno y el trato al pasajero era cercano y respetuoso.
La carretera Interamericana Sur fue avanzando poco a poco hacia nuestra región. Desde el sector conocido como El Empalme comenzó una nueva etapa para las comunicaciones de la Zona de los Santos, y el asfaltado hasta nuestros pueblos se completó prácticamente hacia 1978.
Con mejores carreteras también evolucionó el transporte público.
Pero hoy surge una pregunta que muchos habitantes de la Zona se hacen:
¿Está evolucionando realmente nuestro servicio de transporte público?
Actualmente, el servicio hacia la Zona de los Santos está concentrado en una sola empresa, que también atiende una población mucho mayor, como la de Pérez Zeledón.
Y aquí aparece una realidad que no podemos ignorar: cuando una misma empresa debe atender dos mercados tan diferentes en tamaño, es comprensible que sus mayores esfuerzos y recursos estén dirigidos hacia donde existe una mayor cantidad de usuarios.
Pero nosotros también existimos.
Constantemente aparecen en las redes sociales fotografías y comentarios de vecinos que muestran autobuses que han sufrido desperfectos durante el recorrido. Para el usuario, esto no es una simple fotografía ni una anécdota.
Significa esperar.
Esperar a que llegue un mecánico.
Esperar a que reparen el autobús.
O esperar a que envíen otra unidad para poder continuar el viaje.
Y mientras tanto, el pasajero pierde tiempo, citas médicas, trámites y, muchas veces, dinero.
Hace poco la empresa anunció con gran despliegue la adquisición de nuevas unidades.
Los habitantes de la Zona de los Santos recibimos la noticia con ilusión. Pensamos que algunos de esos nuevos autobuses también llegarían a nuestras rutas.
Pero no fue así.
Los usuarios de nuestra Zona seguimos viendo circular unidades antiguas, mientras los autobuses nuevos fueron destinados a otras rutas.
No se trata de cuestionar que otras comunidades reciban un mejor servicio. Lo que nos preguntamos es algo mucho más sencillo:
¿Cuándo nos tocará a nosotros?
Es cierto que una parte importante de la población de los Santos posee vehículo propio. También es cierto que funcionarios municipales, trabajadores de cooperativas y empleados de otras organizaciones cuentan muchas veces con medios propios para desplazarse.
Pero hay otra población.
Una población igualmente importante.
Es la población que no tiene automóvil.
La población más sencilla, la de menores recursos, la que depende del autobús para poder trasladarse.
Y para ellos el transporte público no es un lujo.
Es una necesidad.
Tenemos que viajar a Cartago para realizar trámites, acudir a consultas médicas y atender muchas otras necesidades. Nuestra región está vinculada al Hospital Max Peralta de Cartago, por lo que para muchas personas el autobús representa el único medio posible para llegar a una cita médica.
Por eso, cuando un horario no se cumple, cuando una unidad se encuentra en malas condiciones o cuando un desperfecto obliga a detener el recorrido, las consecuencias no son iguales para todos.
Quien tiene vehículo propio simplemente busca otra alternativa.
Quien no lo tiene, espera.
Y espera porque no tiene otra opción.
Tal vez aquí está la parte más dolorosa de este problema.
Los que andamos a pie somos precisamente quienes conocemos mejor las dificultades del transporte público. Pero también somos, muchas veces, quienes menos capacidad tenemos para hacer que nuestra voz sea escuchada.
No sabemos siempre dónde presentar una queja.
No conocemos los procedimientos.
No sabemos ante qué institución acudir.
Y, aun sabiendo dónde reclamar, muchas veces tampoco sabemos cómo convertir nuestra inconformidad en una gestión formal que produzca resultados.
Por eso este editorial no pretende señalar culpables.
Pretende llamar la atención.
La Zona de los Santos ha crecido. Sus habitantes trabajan, producen, estudian, se enferman, necesitan realizar trámites y tienen derecho a trasladarse dignamente.
No pedimos privilegios.
Pedimos un servicio público digno, seguro, puntual y acorde con las necesidades de nuestra población.
Porque las carreteras mejoraron.
Los pueblos crecieron.
La economía cambió.
La tecnología avanzó.
Entonces, también debe avanzar el transporte público.
Y quizás llegó el momento de que los habitantes de la Zona de los Santos que dependemos del autobús dejemos de preguntarnos solamente cuándo llegará el próximo vehículo...
Y comencemos a preguntarnos:
¿Quién va a defender nuestro derecho a viajar dignamente?
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